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DERECHO CIVILIMPAGO DE PRESTAMO

Resolución de casos de impago de prestamos, con la visión estratégica desde la experiencia de una ex juez.

Dejar de pagar nuestros préstamos hipotecarios o nuestros créditos al consumo puede tener graves consecuencias para quien lo hace.

La primera consecuencia del impago de una de las cuotas es entrar en un fichero de morosos como ASNEF.

Estos ficheros son muy consultados por las entidades financieras para comprobar la solvencia del deudor atendiendo a su historial crediticio, lo cual prácticamente nos imposibilitará el acceso a la financiación en el futuro.

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Pero, además, nuestra entidad financiera nos aplicará intereses de demora, cuyo coste suele ser bastante superior al interés ordinario, con la primera cuota del préstamo que dejemos de pagar, así como una comisión por reclamación de cuotas impagadas que, generalmente, suele ser muy elevada.

Una sola cuota puede precipitar los acontecimientos, y provocar graves problemas en nuestras ya maltrechas finanzas personales.

A partir del tercer impago y habiendo mediado ya varias reclamaciones, la entidad bancaria podrá iniciar una reclamación judicial.

  • En los préstamos hipotecarios, la entidad financiera solicitará al juez la ejecución de la hipoteca. Al cabo de un plazo que generalmente se corresponde con un año, si no hemos conseguido saldar nuestra deuda, se subastará nuestra casa y tendremos que abandonarla, perdiendo cualquier tipo de derecho sobre ella. Si no se consigue subastar, seguiremos manteniendo nuestra deuda con el banco además de perder la casa, y la entidad puede exigir el pago a los avalistas.

  • En los préstamos personales, aunque generalmente no se aporta ninguna garantía real o hipotecaria, estamos implícitamente avalando esta deuda con la totalidad de nuestro patrimonio presente y futuro. Ante una situación de impago generalizado, la entidad puede conseguir que un juez embargue todos nuestros bienes, como nuestro coche, nuestra vivienda e, incluso, nuestra nómina. Todo lo que sea necesario para saldar nuestra deuda.

En consecuencia, dejar de pagar un préstamo hipotecario o al consumo puede suponer el embargo de parte o la totalidad de nuestros bienes.

En caso de sufrir un cambio en nuestra situación económica que afecte de manera negativa al pago de nuestras deudas, lo mejor es acercarse a nuestra entidad para comunicárselo.

En la mayoría de casos, podremos llegar a algún tipo de acuerdo o aplazamiento en los pagos. Las alternativas más habituales son una refinanciación de la deuda o, incluso, la concesión de un período de carencia, bien sea parcial o total

En último caso, podemos declararnos como insolventes, una figura muy utilizada por las personas jurídicas a través de los concursos de acreedores y que, desde la modificación de la Ley Concursal, también está presente para las personas físicas.
Mediante este mecanismo, se paralizan las demandas interpuestas por falta de pago y se congela la posibilidad de embargo hasta que culmine el proceso. Además, podemos acogernos a la Segunda Oportunidad si reunimos los requisitos para ello, lo cual eliminará cualquier deuda que tengamos en el futuro.

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